martes, 3 de marzo de 2015

“Respirando en el campo: una investigación sobre Movimiento Auténtico y meditación Vipassana”. Por Marcia Plevin.


Artículo publicado en The Moving Journal , Religious Practice, Vol. 12. number 2, 2005 Providence, Rhode Island p.11-15. Traducido por Malen Álvarez y supervisado por Betina Waissman.


Marcia Plevin
Quiero reconocer las enseñanzas de mi principal maestro de dharma, Corrado Pensa, con el que he estado practicando y estudiando meditación desde 1994. He tenido la buena fortuna de recibir también las enseñanzas de Ajhan Sumedho, Ajhan Succito, Cristina Feldman, Carol Wilson y Joseph Goldstein; y agradezco los escritos de Mark Epstein, Sharon Salzburg y John Kabat Zinn, cuyos libros he leído una y otra vez. Estoy profundamente agradecida a Janet Adler como mi principal maestra de movimiento auténtico, y agradezco a mis estudiantes su confianza.


“Más allá de las ideas del buen hacer o el mal hacer existe un campo,
 allí te encontraré.”
                                                 -Rumi.


He usado muchas veces esta cita en movimiento auténtico. Las palabras suenan a verdad y evocan algo más que el ego. Yo veo este “campo” como un estado interior de pura mente más allá de los opuestos: arriba/abajo, blanco/negro, tú/yo. Se puede acceder a este campo viviendo una espacialidad interna, encarnada, mientras una se sienta en un cojín de meditación o es testigo en la periferia de un círculo de movimiento auténtico. El “yo” que soy se encuentra contigo en un campo más allá de la dualidad. Aquí, en el campo, estoy libre de todo juicio personal y toda expectativa. Una mezcla de suavidad, curiosidad y compasión se eleva en el centro de mi cuerpo, y me encuentro en un estado espiritual unitivo. En mi vida, tanto el movimiento auténtico como la meditación budista vipassana invocan la presencia de este campo.

Hace muchos años me encontré empezando la práctica de la meditación budista y el movimiento auténtico al mismo tiempo. Simplemente ocurrió así, no fue una combinación de estudios planeada. Desde mi perspectiva de hoy veo la sincronicidad en acción. Ambas disciplinas me dieron asombrosos puntos de vista de referencia común, que siguen intrigándome y que refuerzan mi práctica de cada una de ellas.

Quietud… movimiento.

En mi práctica de meditación Vipassana, empiezo por la atención a la respiración, mientras me siento en mi cojín de meditación. Pronto puedo perder el foco en mi mente asustadiza y encontrarme en un vórtice de pensamientos o sensaciones corporales confusas - sentir una ola de ansiedad en mi pecho, encontrarme tumbada sobre un lecho de rosas, planear mi fin de semana- solo para ser devuelta de golpe a la observación de la respiración. En el vórtice de pensamientos entremezclados o sensaciones corporales, escucho una débil llamada devolviéndome a la conciencia de mi respiración. En los últimos años esa débil llamada llega más rápido y está más presente. Lo que conozco como el camino en la meditación Vipassana es la experiencia de desarrollar la habilidad de ver dentro (visión interior, intuición), investigar, y estar en constante relación con lo que me lleva al mismo tiempo dentro y fuera del “campo”.

El campo, para mí, es una experiencia directa de espacialidad antes de que surja el pensamiento o la sensación corporal. Es también aquello que contiene el pensamiento o sensación corporal, cuando surgen. A veces hay una intuición de que “algo” (un pensamiento, sensación corporal o emoción) está llegando; y me hago más presente para recibirlo y encarnarlo. Sea un “algo” mental o físico, en la práctica budista aprendemos simplemente a notarlo: “siento tensión en mi hombro izquierdo” como “tensión”, “mi corazón se siente pesado” como “pesadez”, “pensando en ella siento ligereza y libertad” como “ligereza-libertad”. Mi sentido del espacio-tiempo parece dilatarse lo suficiente como para experimentar lo que quiera que sea ese “algo” mientras se mueve, a veces a la velocidad de un relámpago y otras muy lentamente. ¿Cuál es mi relación con estas sensaciones y pensamientos?. ¿Se repiten una y otra vez? ¿Estoy apegada a ellas?. ¿Estoy asustada? ¿Puedo aceptar lo que quiera que sean y dejarlas ir?. Al regresar a la respiración, pueden haberse transformado o pueden irse, dejando al campo que aparezca de nuevo.

El observador/investigador de ojos cerrados que se desarrolla durante la práctica de la meditación se convierte en el testigo interior del movimiento auténtico, físicamente libre para moverse en el espacio y relacionarse con otros, o libre para abrir los ojos como testigo externo. Como en la meditación Vipassana, en el círculo de movimiento auténtico he sido movida por olas de ansiedad, sensaciones corporales suaves como pétalos de rosa, pensamientos incesantes sobre planes de futuro. Inicialmente, en la práctica del movimiento podía ser alcanzada por la ansiedad sin ser consciente de ella, simplemente alcanzada por ella. La ansiedad aún puede venir; pero ahora el testigo interior ve cómo me mueve, cómo se mueve a través de mi cuerpo, y a menudo, al aceptar lo que hay, se transforma, y me deja en otro estado físico y mental. Lo que quiera que sea, puede venir e irse. Así como amo las posturas formales de sentarse o caminar del budismo, estoy profundamente agradecida por ser miembro de un grupo de pares en el que puedo moverme en la libertad corporal del Movimiento Auténtico. 

Aceptar lo que es, estar en el momento presente y escuchar al cuerpo son los fundamentos de ambas prácticas. Según mi práctica budista se iba desenvolviendo, me sentía como en casa con el continuo y específico cuidado que tienen las enseñanzas del Dharma con la atención al cuerpo –sus diferentes partes y su posición física mientras nos sentamos, caminamos, estamos de pie o nos tumbamos. Aunque el Movimiento Auténtico alienta la encarnación de nuestras percepciones sensoriales, mientras estoy sentada en mi cojín de meditación también soy alentada a estar presente a la experiencia directa de cualquier sensación. Observo cómo vienen y van, observo su impermanencia –el origen, surgimiento y paso de cualquier pensamiento, sensación o emoción particular.

Encarnación o impermanencia. 

En las tradiciones budistas, se considera que la sabiduría es el estado de conocimiento de la impermanencia de todos los fenómenos. Es este conocimiento fundamental el que nutre la liberación en el testimonio sin juicio, o, en términos budistas, sin apego, el dejar ir los estados mental-corporales, sean agradables, neutrales o desagradables. El capullo alcanza la belleza de su florecimiento pleno y después se marchita. Nacemos, envejecemos y morimos. Todos los fenómenos en la naturaleza tienen un origen, alcanzan un clímax, y entonces cesan. Es este cambio en todos los fenómenos y nuestra relación con este cambio lo que nos hace sufrir. Es el fluir de lo impermanente lo que sostiene las primeras enseñanzas de Buda, consideradas las 4 nobles verdades: la verdad del sufrimiento, sus orígenes, su cese, y el camino. Observo un pensamiento mientras estoy sentada en mi cojín; si soy afortunada, observo su origen, luego cómo viaja y transforma mi mente, dejándome para volver a la respiración.

Es inherente a la práctica del Movimiento Auténtico la enseñanza de la impermanencia.

En un círculo de Movimiento Auténtico, me observo levantándome rápidamente del suelo, con necesidad de andar (origen). La caminata se convierte en pequeños saltos rápidos; mis brazos, torso y cabeza se sacuden y menean al ritmo de mis pies. Es como si se soltara arena de mi cabeza y cayera por efecto de la gravedad hasta mis pies. El ritmo se calma. Me quedo de pie en silencio un rato –un sentimiento de claridad física y mental se extiende como aire de primavera por todo mi cuerpo. En Vipassana, estaría regresando a observar la respiración mientras anotaba las sensaciones corporales. 

En Movimiento Auténtico, el testigo interior, sea como la persona que se mueve o como testigo externo, observa los cambiantes estados y sensaciones corporales. Los practicantes con mucha experiencia en movimiento auténtico saben que entramos al círculo con una emoción o condición y lo abandonamos de manera completamente diferente, testimoniando la transformación de una experiencia particular.

Sola en mi habitación, en profunda meditación sentada, empiezo a sentir la necesidad de espaciosidad. Mis manos se elevan a mi pecho. Me he deslizado al movimiento auténtico. El testigo interior observa cómo mi cuerpo necesita que mis manos froten mi pecho, abriendo mis células y músculos, reflejando la espaciosidad que mi mente necesita. Mis manos regresan lentamente a mis rodillas. Algo se ha movido a través de mí, y de nuevo estoy sentada.

¿Qué me obliga a moverme en la práctica budista sentada?. Las células de mi cuerpo saben sobre ser movidas. Cuando medito sola una voz puede salir, las manos pueden levantarse, la espalda se dobla, y me encuentro de nuevo sentada, sintiendo quizá solo por unos segundos una espaciosidad y falta de fundamento de cuerpo y mente. He sido movida. He cambiado.

En Vipassana podemos observar o estar preparadas para “investigar” el pensamiento o la sensación corporal desarrollarse y alcanzar un máximo; y tal vez lo dejamos ir o lo vemos cambiarse en otra cosa. En Movimiento Auténtico podemos ser movidos o mover un impulso hasta que se transforma o cesa. A través de ambas prácticas, la intuición puede aparecer de pronto o desaparecer despacio, mientras regresamos a la respiración o nos movemos a la periferia del círculo de Movimiento Auténtico. 

Escribiendo sobre el significado de la intuición, Joseph Goldstein (1993) afirma:


“Las visiones interiores de la meditación de visión interior son intuitivas, no conceptuales. Intuitivo, en este sentido, no significa un vago sentimiento sobre algo; más bien, significa ver y experimentar claramente, directamente, cómo las cosas son… Sabes que los son amarillos porque los has visto. Conoces la naturaleza de la calma y la tranquilidad porque las has sentido en tu corazón… Hay muchas experiencias así, y muchos niveles de cada una, y cada vez las conocemos directamente; es como si nos abriéramos a una nueva forma de ver, de ser. Esto es la visión interior.” (p.53).


En mi experiencia, la conciencia de ser movida en Movimiento Auténtico es lo que la investigación que lleva a la visión interior es en la práctica de Vipassana. 

Ajahn Sumedo (1991), hablando de la importancia de la quietud y el silencio, escribe: 
“Si uno simplemente sigue las sensaciones inquietas del cuerpo y las proliferaciones de la mente, entonces por supuesto el silencio es imposible. Incluso puede ser una experiencia amenazadora, porque uno está tan identificado con la agitación y la inquietud del reino sensorial, y buscando sin cesar nacer a él” (p.86). 
El testigo interior mira la agitación, observando la llamada a la encarnación. Mi experiencia en Movimiento Auténtico sugiere que si esta agitación no se identifica con, sino que “es vista” por el testigo interior, se puede considerar una llamada espiritual a la investigación. Hay una unidad que siento cuando el movimiento aquí y ahora es sostenido por la atención consciente sin juicio. Me convierto en mi agitación. Danzo mi inquietud. Mi cuerpo-mente ha movido la investigación. Viene, y por la gracia puede transformarse, dándome visión interior hasta sus orígenes.

De “mi” testigo interior a “el” testigo interior. 

El desarrollo de un testigo interior sin juicio es uno de los primeros pasos que se dan en el camino hacia la conciencia en Movimiento Auténtico, así como en la práctica budista de la atención consciente. Aquí, entre nosotros, está el cultivo del “campo” espacioso, que viene en la forma de dar testimonio a lo que hay. El acto de juzgar puede ser conocido a través de una contracción o pellizco del cuerpo-mente. Podemos sentir un cierre definitivo o descenso de la luz hacia nosotros o hacia los demás. Los maestros budistas se refieren a la atención consciente como estar siempre “aquí”. Uno simplemente necesita saber cómo acceder a ella. Según las tradiciones budistas, hay una Verdad Ultima y una Verdad Relativa. La Verdad Ultima es el estado de no-yo o no-yoidad. La Verdad Relativa consiste en lo que llamamos fenómenos condicionados: el mundo del sujeto-objeto, yo y el otro, convención, cultura, lenguaje, color de piel, nombre, título, cuerpo. “¡Esta soy yo!” grita la niña, mientras apunta a su cuerpo, identificándose en el mundo como su cuerpo. En el nivel más sutil de la Verdad Relativa, damos nacimiento al sentido del “yo” cuando nos identificamos con la conciencia o atención misma.

Joseph Goldstein (1994) habla frecuentemente de la fuerza en la mente que reúne energía firme y estable a base de no identificarse con la experiencia, ni con el conocedor de la experiencia. Desde mi comprensión de los principios budistas, el camino de la atención consciente lleva al meditador a experimentar la esencia de la enseñanza, que es un estado de no-yo o no-yoidad. En otras palabras, en Movimiento Auténtico “mi” testigo interior pertenece a lo que en la enseñanza budista se llamaría el reino de la Verdad Relativa.

En el principio del Movimiento Auténtico tomamos conciencia de “mi” testigo interior. Janet Adler (2002) ha descrito el progreso de las practicantes de Movimiento Auténtico a través de tres niveles de conciencia: estar fusionada, estar en diálogo con, o en estado unitivo. Por la práctica podemos llegar a experimentar “el” testigo interior, más que “mi” testigo interior. La Verdad Ultima, o estado unitivo, es el conocimiento directo de que no hay yo, ninguna sustancia ahí. Identificadas, o contraídas en torno a un sentido del yo, con impaciencia, rabia, impotencia o incluso amor, podemos perdernos en el movimiento o el pensamiento, llevadas por un estado de fusión. También podemos ser arrastrados en un estado de diálogo, lo que en la tradición budista es conocido como proliferación mental.

El testigo interior como “mi” testigo interior declara una dualidad entre lo que es mío y lo que no es. Es un vehículo para la comprensión sujeto/objeto, un desarrollo necesario en el camino para distinguirse a uno mismo como individuo en la colectividad. Ser testigo es la estrategia de comienzo más común en la meditación.

… En el progreso de la meditación finalmente el testigo desaparece. El sentido de identidad cae. El ego, sea una mente pensante o un yo que observa, se aquieta, liberándonos en una conexión profunda (Epstein 1998, p. 68). Un aspecto del “no-yo” o Verdad Ultima sería observar desde “el” testigo en lugar de hacerlo desde “mi” testigo. Sería la experiencia directa de estar presente al “yo” que se mueve pero pertenece al colectivo, como parte del universo.

Espaciosidad/contracción. 

Las palabras espacioso y contracción son usadas a menudo en las enseñanzas budistas para describir tanto estados mentales como corporales. La contracción viene de identificarse con experiencias desagradables o agradables, creando una frontera alrededor del yo, un sentido de estar limitado por las identificaciones con un estado particular del ser. Espaciosidad significa no identificarse ni con la alabanza ni con la culpa. Es sentir que cualquier cosa que exista está en medio de la espaciosidad. Una contracción consolida nuestros límites, situando una periferia en torno a nuestro sentido de identidad. Este sentido de identidad puede atraer al plano del juicio desde nuestro fondo condicionado. Crea una forma en el cuerpo/mente oprimiendo el corazón con dolor o dando paso a un salto de alegría. La opresión se acompaña de sensaciones concomitantes de dolor, ansiedad emocional y el “yo” que siente esto. La escritora y maestra budista Sharon Salzburg (2002) usa la metáfora de la sal para explicar la contracción. La misma cantidad de sal sabrá diferente en un vaso de agua o en el océano. El meditador está creando la posibilidad de espaciosidad a lo que viene al cuerpo o la mente aceptando cualquier cantidad de sal sin perder la “ecuanimidad”, o el equilibrio. No podemos hacer nada con la sal que viene; pero sobre la vastedad de la mente, sí podemos hacer algo. Si una persona que se mueve o un testigo externo está en presencia “del” testigo, puede experimentar la espaciosidad mientras es testigo de la contracción en torno al yo identificado. Partimos por el camino del Movimiento Auténtico, que, con la práctica, aumenta nuestro potencial para atraer al testigo interior. No moviéndonos solo por movernos, valientemente cerramos nuestros ojos para abrir una puerta a lo desconocido, al campo de Rumi. Creo que practicamos con fe en que el movimiento a través de y en el espacio puede traer, y traerá, conciencia.

Testimoniando a través de Brahma Viharas. 

Los Brahma Viharas (traducidos del pali como “moradas divinas o celestiales”) son estados de conciencia de bondad amorosa (metta), compasión (karuna), alegría empática (mudita) y ecuanimidad (upekka). Estos estados son lugares a los que podemos volvernos y regresar. Como el sonido de un violoncello, profundo y ancho, he experimentado una resonancia diferente mientras estoy en la palabra o el movimiento cuando aplico estos estados a mi testimonio en ambas prácticas. En la práctica budista son enseñadas como recursos meditativos hábiles para reconocer las contracciones físicas y mentales que afloran al identificarse con cualquier material que pasa por la mente. Aunque no hay una enseñanza formal de tales estados de conciencia en la práctica de Movimiento Auténtico, la presencia continua de la conciencia sin juicio, en relación con una misma o con otros, fomenta la aparición de estos estados. Aparecen naturalmente y orgánicamente como instrumentos a través de los cuales el sonido del amor y la aceptación sentida en el corazón son escuchados. Ser testigo desde estas “moradas” suaviza y refuerza mi espacio interior para aceptar la cantidad de sal que está presente. 

Una y otra vez, la presencia o ausencia de metta (bondad amorosa) ha demostrado ser la puerta de entrada al campo que Rumi indica. Para no ser confundida con la energía de apego o pasión que se encuentra en la palabra amor, la bondad amorosa se refiere a los estados de amabilidad, amistad y benevolencia que podemos sentir hacia nosotras mismas y hacia el mundo. He encontrado que esta es la tierra en la que las semillas de las demás Brahma Viharas pueden ser nutridas y estimuladas a crecer. Cada una de las Brahma Viharas ofrece diferentes perspectivas desde las que contemplar lo que Janet Adler (2002) denomina la densidad de nuestra biografía personal. Cada una ofrece un medio para abrir un espacio lúcido en una misma, que lleva a un campo de conciencia unitiva.

Metta en la práctica de la meditación. 

En una sala con 100 meditadores, estoy sentada, retorciéndome, contrayendo mi cuerpo con sensaciones de celos. El negro frente a mis ojos se oscurece. Los nudos de mi corazón y de mi mente no se deshacen. Uso la voluntad para volver a la respiración. En cuanto la inhalación se convierte en exhalación, estoy otra vez en el escenario. Esto no es Movimiento Auténtico. No puedo mover los nudos. Mucho más difícil que la sensación de celos es la terrible vergüenza de tener esta sensación. Es como si no hubiera meditado un solo día de mi vida. Como otros maestros han hecho en el pasado, Ahjan Sumedo (el abad que guía el retiro) me trae de vuelta rompiendo el silencio de la sala justo en el momento exacto, invocando metta (amable bondad amorosa) para todo lo que esté presente. Una voz sincrónica toca mi corazón. Me había olvidado de metta. Apegada e identificada, no estaba abierta ni espaciosa, de hecho, sin mucho cuidado o cariño hacia mí misma. Sus palabras, escuchadas en ese momento, tendieron un puente en el espacio entre nosotros –una relación con un meditador externo de ojos cerrados, yo misma, y otras 99 personas meditando- que específicamente crearon una relación con mi testigo interior. Oh, sí. Conozco esto –metta. Me olvido, y a veces necesito que me lo recuerden.

Sostener los celos o cualquier otra emoción “en metta” crea el espacio en el que se puede respirar en el testimonio, investigar, o recibir intuitivamente un mensaje. Es justo lo que es. Si se siente y sostiene en la bondad amorosa, se puede ver. Joseph Goldstein (1993), escribiendo sobre emociones en general y aquí refiriéndose específicamente a los celos, afirma:


“Así, el primer paso es no luchar con el hecho de que los celos están surgiendo, hacer espacio para la aceptación. Desde ese lugar podemos aplicar el interés de la investigación. Nos preguntamos “¿Qué es esto?, ¿Cuál es el nombre de esta emoción?”. Investigando la cualidad de esta energía en el corazón y la mente, sintiendo las sensaciones en el cuerpo, nos liberamos de la trampa en el nivel del contenido.” (p. 87).


En la práctica de movimiento auténtico podemos movernos directamente en el nivel de entrampamiento con la intención de estar ocupándonos del testigo interior. La emoción nos toma mientras lloramos, estamos tumbados en reposo, cantamos o golpeamos el suelo con los pies. Mientras se mueve a través del cuerpo, estamos en relación con la forma en que puede estar transformándose o extinguiéndose, dejándonos quizás exhaustos, inmóviles o regocijadas por la experiencia. Practicamos la contemplación cuerpo/mente en Movimiento Auténtico dejando a las emociones espacio para moverse y transformarse.



Metta en Movimiento Auténtico. 


Estoy tumbada en el suelo con la parte superior de mi cuerpo quieta. Bajo mi cintura, mis piernas se mueven rápidamente. Parece que hay corrientes de energía eléctrica que las hacen elevarse rápidamente en el aire y caer al suelo para ser movidas y levantadas de nuevo. El testigo interior observa mi ser movida de esta manera. Estoy cansada, muy cansada. Oigo a un testigo que se mueve levantarse, y de pronto dos manos se han posado suavemente a ambos lados de mi cabeza. El testigo que se mueve se queda y sujeta mi cabeza en sus manos durante un largo rato. Un espacio se está abriendo. Mis piernas se van parando. Una sensación de calidez fluye por mi cuerpo. Se está abriendo un espacio. He sido tocada por la bondad amorosa y la encuentro en mí misma.



El testigo que se mueve fue movido por metta. A través del contacto corporal, la bondad amorosa fue “pasada”, transformando mi forma física y mental. La posibilidad de moverse en relación física y espacial con otros distingue al Movimiento Auténtico de la práctica de meditación formal sentada. Como personas que se mueven, se nos ofrecen continuamente oportunidades de encontrar a otras o de ser encontradas. El testigo exterior, un rol único en Movimiento Auténtico, tiene el privilegio de observar mientras sostiene la posibilidad de salir de ese rol para convertirse en una persona que se mueve él mismo. Cualquiera que sea el rol en el que estamos, el testigo de ojos abiertos o el que se mueve de ojos cerrados, nuestro cuerpo es influido por el paisaje físico y espacial siempre cambiante que acontece en el campo. Aquí tenemos la oportunidad de ir “más allá y fuera” de la dualidad, de practicar la bondad amorosa para nosotras mismas y para los demás en un espacio colectivo.



Tanto el Movimiento Auténtico como la práctica de la meditación budista nos enseñan la posibilidad de experimentar directamente la no-dualidad. Estando atentos, desarrollando una actitud mental sin juicio, y aprendiendo después a acompañar esto con metta (bondad amorosa) – así es como aprendemos a entrar en el “campo”.



Marcia Plevin, ADTR, NCC, vive y trabaja en Roma, Italia. Es supervisora en el departamento de danza movimiento terapia de Arte Terapia Italiana, co-fundadora del método de Movimiento Creativo Garcia-Plevin, y miembro de A.ME.CO, una sangha de Vipassana budista en Roma.



(Publicamos este artículo en el blog con la autorización de la autora).



 Bibliografía:

Adler, J, Offering from the conscious body, Rochester V, Inner Traditions, 2002

Epstein, M, Going to pieces without falling apart, New York, Braodway Books, 1998.

Goldstein, J, Insight meditation: the practice of freedom, Boston, Shambala Publications, 1993

Goldstein, J, One Dharma, S. Francisco, Harper 1994

Salzberg, S, Lovingkindness, the revolutionary art of happiness, Boston, Shambala Publications, 2002

Sumedho, A, The way it is, Hertfordshire, England, Amaravati Publications, 1991